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      En los comienzos del reinado de Carlos V el Gótico tenía plena vigencia. Si bien, edificios como el de la Universidad de Salamanca mostraban ya la transición hacia el estilo renacentista al añadir elementos decorativos claramente pertenecientes al Renacimiento Temprano. Tal fórmula dotó a la arquitectura carolina de mayor magnificencia, muy acorde con los tiempos. Mencionable es la ornamentación plateresca desplegada en las fachadas de los conventos de San marcos y San Esteban, localizados en León y Salamanca respectivamente.

    Hasta mediados del siglo se mantuvo un estilo revolucionario de la arquitectura gótica, donde un complejo juego de fuerzas sostiene en su sitio a la elevada bóveda. Pero, para causar una impresión al visitante aún más inimaginable, el rampante tendió al semicírculo; jarrones y grutescos, características del modelo renacentista, invadieron las claves y los elementos de la bóveda de crucería. Juan de Badajoz, autor de la Sacristía de San Marcos, acabada en 1549, mostró su gusto por la profusión decorativa, mas fueron los hermanos Corral de Villalpando quienes extremaron esta tendencia mediante el uso del yeso policromado. En la iglesia de Santa María en Medina de Rioseco podemos encontrar su obra maestra, la Capilla de Benavente.

    En el segundo cuarto de siglo brilló Rodrigo Gil de hontañón, autor de numerosas iglesias parroquiales y conventuales. En la dirección de las obras de las Catedrales de Salamanca y Segovia sucedió a su padre, Juan Gil de hontañón, lo que le convirtió en una personalidad dominante en la arquitectura castellano- leonesa del segundo tercio del siglo. Además aseveró la tendencia espacial, acentuadamente diáfana, en el interior del templo.
En 1526, las bodas del Emperador con Isabel de Portugal, dejó prendada a Sevilla de arquitecturas efímeras en forma de arcos triunfales, que constituyeron el aldabonazo definitivo para la incorporación del lenguaje renacentista a la ciudad. Al año siguiente comenzó a erigirse al Ayuntamiento sevillano, bajo la dirección de Diego de Riaño.

    Empero, donde la arquitectura carolina alcanzó su máxima cota fue sin duda en Granada. La estancia de los recién casados en la Alhambra granadina fue definitiva para que en la ciudad, donde reposan los restos de sus abuelos maternos, se elevase la primera catedral renacentista y se edificara un palacio acorde con la dignidad universal del monarca. La presencia en la ciudad del burgalés Diego Silvé, a partir de 1528, impuso un nuevo concepto, tanto estructural como simbólico, al edificio catedralicio que sirvió de referencia a las Catedrales de Málaga y Guadix.

    No fueron menos amplias las aportaciones, en el panorama arquitectónico español de la época, de Luis de Vega y Alonso de Covarrubias. Ambos dirigieron las obras de ampliación y remodelación del Alcázar de Madrid, en 1535. de Vega construyó el palacio de Úbeda y el de Valladolid, y estuvo encargado de las obras en el Real Alcázar de Sevilla entre otras contribuciones sobresalientes. Por su parte, Covarrubias creó la Capilla de Reyes Nuevos para la Catedral de Toledo y fue autor, asimismo, de la Puerta Nueva de Bisagra, colofón del periodo carolino, pues terminó inmediatamente después de la muerte del Emperador.

    Como conclusión podemos señalar que durante el periodo carolino la arquitectura representó al carácter monumental y propagandístico de los grandes imperios. A través de ella quedaba impresa la grandeza de España, establecida gracias a las incansables conquistas de un Emperador, Carlos V, obstinado en la creación y unión del más vasto de los imperios.