| |
 Como
melómano empedernido Carlos V disfrutó con la música,
por un lado la nueva y desconocida música tocada con exóticos
instrumentos por los moriscos granadinos, por otro la mas conocida
música castellana de vihuela, sin dejar de lado la de los
músicos de la corte de su mujer, o la suya propia neerlandesa,
tocada por sus dos capillas musicales bruselenses que le acompañaron.
La
música sagrada de los polifonistas de la época imperal
de Carlos V, fue una afloración portentosa del alma española
del siglo XVI, inflamada por la llama religiosa que movía
los actos de reyes y obispos, de ascetas y artistas españoles,
maestros en la estética humana y espiritual.
Los
estudios realizados hasta hoy permiten afirmar que en la España
de Carlos V florecieron principalmente tres escuelas de polifonía
sagrada: la andaluza, con su centro en Sevilla; la castellana con
la capilla de Ciudad Real, Toledo y Burgos; y la catalana, cobijada
en sus catedrales
.
El
cultivo del madrigal y de la canción profana polifónica
en la España de Carlos V, señala que, en lo concerniente
a la canción profana polifónica, hubo dos corrientes:
por una parte Castilla continuo practicando las formas típicas
del villancico, la canción y el soneto, siguiendo la técnica
simplísima y la estética tan características
del villancico y de la canción polifónica amorosa,
cultivada en la Corte de los Reyes Católicos; por otra se
presento Cataluña cultivando de lleno la música programática
y descriptiva de los franceses y la forma madrigalesca de los italianos.
De
los grandes maestros del siglo XVI destacamos a Antonio Cabezón
(1510-1566) por su condición de músico de cámara
de Carlos V y organista de Felipe II. Dedico su obra al órgano
y al clavicordio, logrando composiciones de gran belleza musical,
en base a pequeñas variaciones que fueron un adelanto de
lo que la variación melódica llegaría a ser.
Su influencia en la música internacional posterior fue enorme
y es, por ello, una figura de primer orden.
|